Mostrando las entradas con la etiqueta Nostalgia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Nostalgia. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de agosto de 2012

time, the revelator.

Y asi un día,
out of the blue,  volviste.

Llegaste a buscarme a mi trabajo, enfundada en una diminuta falda verde esmeralda, una camisa negra y el collar a juego con el verde, un conjunto pues, que se te veía muy bien. El estilo siempre ha sido uno de tus fuertes, no matter all trouble you have been through, el estilo, baby, nunca lo has perdido. Llegaste montada en una bicicleta amarilla,  cuidando tu débil tobillo dentro del cobijo de una bota australiana y resguardando  tus ojos hundidos (esos ojazos japoneses que tu hijo te heredó), tus pómulos y toda tu cara detrás de los enormes lentes obscuros, ese  lugar vacío donde te hallaste a salvo de mi mirada incisiva que te buscaba sin descanso hasta que un buen día se hartó de no encontrarte.

Entonces, llegaste a buscarme a mi trabajo, a esta mi droga donde ahogué los demonios que se me desataron y me echaron fuera del huacal aquel verano en que juntas decidimos volver a este pueblo a enfrentar el miedo más profundo que habíamos sentido jamás: la despedida (la despedida si, porque del duelo no entendíamos ni su existencia misma en ese momento). Juntas decidimos, y solas encontramos el modo de persuadirnos de sentir... sin hacer consciencia de que lo nuestro lo nuestro lo nuestro, es justamente sentir. 

Llegaste pues, nos encontramos como antes ya había ocurrido, esta vez sin embargo fue diferente, principalmente por los lentes oscuros. Recuerdo haberte encontrado en el vestíbulo del consultorio del doctor Pavía, me diste las cámaras de Sisi mientras yo esperaba que me atendieran luego del accidente. Tuve que volcarme tres metros abajo y caer con estrépito para entender que no podía dejar atras lo que duele, que hay que sentir todo lo que resta por sentir antes de dejar atrás, sin miedo, lo que duele. Tuve que caer con estrépito, pero esa noche de otoño en el vestíbulo del consultorio no lo entendía todavía y mi cuerpo aun no me dejaba sentir ni siquiera el dolor de las contracturas. Como ves yo tampoco bajaba la guardia, mucho menos frente a ti. Yo, que carezco de ese fino estilo que a ti te caracteriza, linda, no tenía conmigo ese par de inmensos lentos oscuros, los mismos que tu te quitaste al encontrarme cuando llegaste a mi trabajo, dejándome ver el alto costo que tu piel ha pagado y tus ojos de almendra que por mucho tiempo esquivaron mi mirada.

Llegaste, y tu timing no fue casual. Hoy que estoy lista para reconocer la caducidad de esta mi manera de lidiar con lo que he sentido (lo que duele, lo que me persigue, lo que me aterra...) a través de la comida, hoy, que entiendo que mi oficio no se acaba aqui en este recurso terapéutico de dejar-de-sentir-para-hacer-sentir a los que prueban lo que hago... que hay mucha más cocina que la que se asoma desde ese plato de peltre que sostiene el rojo del tomate de verano, desde esa torta de corazón de pollo que expuse en mi lección de fenomenología. Nada tiene de casual tu timing, te he pensado, te he intuído, me haz intuído tu también y por eso nos encontramos asi en la banqueta. Quién de las dos habría imaginado que el tiempo nos revelaría asi este verano?

Tu visita me ha dejado un bittersweetness emocional. Me da gusto saberte, tener la certeza de saberte de pie, de que estás, bien o mal, estás aquí entre nosotros, aunque no entienda por que duermes donde duermes, por que comes como comes... escucharnos decir bobadas y verdades y hacernos juntas conscientes con firmeza de que vivimos la consecuencia de las decisiones que hemos tomado, de que la intuición que desarrollamos, ese juego de niñas que nos mantenía comunicadas y sensibles, despite la ola de mierda que nos pudo haber revolcado, sigue ahi con nosotras como el tinkerbell de Peter Pan.

Desapareciste, as usual.
Enviaste una nota que prometía que volvías esta tarde. No cumpliste la promesa, as usual.
Pero it doesnt hurt any more. Escucharte desde la sensatez desde la que me hablaste trepada en la bicicleta amarilla, colgándote en tu cabello maltrado esa flor blanca de miel mientras reíamos como taradas en la banqueta al recordar que dejamos ir ese departamento precioso de la calle diez, ese lugar que reunía todo lo que buscábamos en una casa, en nuestro proyecto que conserva aun su frescura y que tanto me hace latir el corazón cuando lo pienso, cuando invariablemente te pienso y me dueles... qué habría sido de la historia si lo hubiéramos rentado? jajajaja... A pesar de los rumbos que hemos tomado ninguna de las dos se arrepiente de las decisiones que nos han llevado aqui donde estamos, de todo lo que hemos tenido que vivir para aprender, y para poder reirnos bajo el árbol de las flores blancas.

Te echo de menos en mi cotidiano si, echo de menos tu lámpara negra y tu mesita de centro. El taburete que compraste en las segundas del aeropuerto... tus uvas de acrílico. Extraño terriblemente el olor a casa de mamá que tu departamento de Río nazas emanaba, y sabes? a veces (como hoy...) le preparo a mi equipo pescadito con arroz y ensalada de pepino como comida del personal. Celebro enorme que hayas conservado tu colección de teteras y también celebro que hayas llegado a buscarme, aunque ya no vuelvas nunca, celebro que hayas venido y te hayas quitado esos lentes.
Ya había dejado de esperarte, y fue muy grato recibirte.

martes, 21 de junio de 2011

the thrill is gone de bb king


traté inconscientemente de escapar del recuerdo pero bb king me persiguió por todos los rincones, como si fuera mi sombra.
cuando finalmente me di por vencida, cuando por fin me dije que ya era en vano huir, me senté y me encendí un cigarrillo. te pensé y me parecía escucharte en ese pasillo de los lockers donde me agarró tu llamada, la última que entablaríamos.

ahora entiendo que en ese momento comprendías tu propia muerte y la sentías ya contigo. yo, muy lejos de entender, me encargué de decir palabras vanas que alentaran las esperanzas vacías de que tu salud mejorara.

supongo que uno no entiende hasta que está preparado para tal empresa.
me alegra saber que tu lo tenías claro y que podías sonreir.
lo fuerte de la muerte no es sólo la ausencia, es también el hecho de que los que se van nos enseñan en su partida, como mejor morir. como asumir a la muerte como parte de nosotros.

los veintes caen, lento pero van cayendo.
siempre te echaré de menos papá.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Naoko en la orilla

Watanabe en el avión escucha a los Beatles cantar Norweigian wood.
Naoko resuena en el recuerdo.

Asi resuena esta canción en en saturadísimo azul de este cielo de otoño.


sábado, 2 de octubre de 2010

llegó el otoño con su neblina de nostalgia

Otoño llegaste ya.
Te trajo la neblina, esa que se extiende desde el mar océano como tren, feroz mole que todo lo oculta bajo su manto. bueno... casi todo. te trajo la neblina, y tu te trajiste contigo la nostalgia de octubre que brilla con el amarillo technicolor que el sol deja escapar al caer por la tarde.

Nostalgia de otoño.
Nostalgia, del griego nostos, recuerdo y algia, dolor. El dolor del recuerdo, el recuerdo de todo eso que irremediablemente se fue, lo que ya no puede ser, de los que no estan ya.

Me encontraba nadando en la humedad de la neblina que brisea en el jardín de La Contra en estos días cuando le enseñé a Maribel, la nueva cocinera del equipo, como elaborar la tartarita de jurel que esta semana estuvo de visita en el menú del restaurante. Le platiqué, en mi muy particular manera (laaaaarga y con muchos detalles, tantos que a ratos parecía que en realidad le platicaba otra cosa) que esta recetita surgió de dos formas diferentes de preparar el pescado crudo: una que aprendí en Manzanilla y la otra: la que preparaba Pedro Masayuki Tsuchiya todos los primeros días del año en su casa, donde celebraba a la usanza japonesa una comilona familiar. Mientras le platicaba a Maribel se encendió un recuerdo, una emoción propia del otoño, un golpe de nostalgia.

Benito en Manzanilla prepara sus tartaritas generalmente de atún. A veces de jurel. La aliña con aceite de olivo, soya kikkoman, unas gotas de vinagre de frambuesa y su mágico polvo de chiles. Además agrega jengibre, chile serrano, pepino, aguacate y pera o manzana. Queda buenísima. Aprendí a hacerla en la cocina de la calle Riverol, cuando Alice era mesera del Manzanilla y juntas formábamos el dúo-fan de la serie Twin Peaks.

Alice no solía enfiestarse en año nuevo, y no lo hacía por una particular razón ya que desde el 31 de diciembre se disponía a preparar junto con Pedro, su padre, la mise en place de la comida que servían para cerca de 80 o cien de sus parientes y amigos cercanos que se congregaban en la casa de Pedro el día primero para celebrar el año nuevo, festividad que en Japón tiene la misma importancia que para nosotros la navidad. La familia Tsuchiya preparaba afanosamente miles de rollos de sushi de variados rellenos, inari sushi, sashimi de pescado local fresquísimo, teriyaki de pollo, tempura de verduras con camarón, y mi particular favorito: la botanita de atún que consistía en una tártara muy sencilla y muy llena de sabor que Pedro Masayuki o Masa como le llamaban sus sobrinos y hermanos, preparaba con cubos de atún fresco, cebolleta tierna en rebanadas finas y un aliño de soya kikkoman, limón y wasabi.

Le explicaba a Maribel que nuestra tártara surge de éstas dos maneras de preparar el pescado crudo. Como todos los platos que los cocineros elaboramos, ésta tártara habla de mí, de mis recuerdos, de las cosas que vivo, de las cosas que me dejan marcas indelebles y que a su vez dejan huella en todo lo que toco. No puedo negar la escuela que Benito me dejó en mi paso por sus cocinas. Ni tampoco puedo negar nunca la vena nostálgica que me rige. Nuestra tártara generalmente la elaboramos con jurel, a veces con atún aleta azul... a veces con vieja y hasta con callo de árbol la hemos hecho. Pero la buena buenaza, la que a mi me prende, es la de jurel, ese pescado sencillo pero complejo (o sea cómo!?) que se consigue fresquísimo en el pueblo. Al jurel picado en cubos le agregamos pepino tierno, aguacate, cebolleta en rebanadas y jengibre picadito. El aliño que lo acompaña consiste en una vinagreta de wasabi con limón, soya y aceite de olivo. Para adornarle con sabor decoramos el plato con un aceitito verde de cebollín.

Hace un año ya que Pedro dejó de estar aquí con nosotros. Ya no sé si haya alguien en su familia que continúe la tradición de reunir a todos los hermanos, sobrinos, nietos, parentela y amigos los días primero del año, ojalá que si haya quien. De cualquier modo, y desde este humilde sitio le recordamos y agradecemos el compartir su botanita con nosotros.

Yo, a través de La Contra, les comparto a ustedes, esta Tartarita de jurel en su honor.

80 grs de lomo de jurel en cubos pequeños
1 pza de cebolleta tierna o cebollita de cambray en rebanadas delgadas
1/2 pepinillo tierno en cubos pequeños
1/4 de agucate en cubos pequeños
2 rebanadas delgadas de jengibre picadas fino
1/3 limón verde
1 cdta de soya kikoman
1 cda de aceite de olivo local
wasabi preparado al gusto (es que a mi me encanta y le echo recio, pero ahi cada quién)

El jurel, la cebolleta, el pepinillo, el aguacate y el jengibre se mezclan delicadamente en un bowl. Aparte se unen los ingredientes de la vinagreta: el jugo de limón, wasabi, soya y aceite de olivo. Ya incorporada la vinagreta se sazona la tártara con sal, pimienta y la vinagreta.

El plato se decora con un hilo de aceite verde de cebollín (cebollín licuado con aceite de oliva un poquito de sal). Se pone al centro un cerrito de tártara y se acompaña con pan pita tostado.











sábado, 31 de julio de 2010

Agosto en puerta a dos años de mi partida. Su vida después de Ismene.

Holas!!!
Ha estado un mes y medio de putiza y ahora que lo mio baja, tu mes mas fuerte viene con todo. Hoy me sonreì al saber que puedo escribirte y buscarte, ya que al final, somos amigos, y ha sido increìble quererte. Ahora si, creo, ya no tenemos ni idea de en que andamos ni como va la cosa.

Pasan los dìas en la ciudad, y siento como hay que emigrar de aquì. Cada esquina guarda tantas memorias, que me es difìcil no vivir en este mundo como de fantasmas. Espero tu muñeca se encuentre en mejor estado y que todo salga bien. Hay dìas en que no me acuerdo ni de mi.Hoy te he echado mucho de menos, son ya dos años que te fuiste de la ciudad, y con el tiempo,sòlo me desvanezco al entender cuan diferentes son nuestros caminos. Duele poquito, pero del mismo modo, me calienta el pechito, saber que me piensas y en el entender que me has amado asì de loca que eres.

Me gustarìa escucharte, màs no tengo tu cel. En fin, te deseo una gran vendimia, que salga todo chèvere y que quièn sea que te caliente las patitas te quiera bonito. Con mucho amor y cariño, a dos años de tu partida, mi vida despuès de Ismene.
Rodrigo.

viernes, 14 de mayo de 2010

lunes, 24 de diciembre de 2007

we remember things in a funny way...

Recordamos.
Nuestra memoria almacena un cúmulo de sensaciones y estímulos gráficos, olfativos, saporíficos y de otras naturalezas inexplicables siguiendo un dictado misterioso que ordena y clasifica, y que más tarde le señala el camino al aparato de búsqueda del recuerdo que no distingue muy bien entre el hecho, el sueño y el deseo.
A veces recordamos cosas que en realidad no recordamos (!?), por ejemplo, yo tengo en mi memoria la imagen viva de la Ismene de 3 años atrapada junto con mi muñeca de trapo dentro de la caja de cartón con dos ventanas circulares del globo terráqueo que mis padres nos regalaron a mi hermana y a mi. No recuerdo haber estado ahi, lo que recuerdo es cómo mi hermana me lo contaba mientras se reía a borbotones de cómo yo no podía salir de la caja de carton y daba tumbos desde dentro en posición fetal con la muñeca. entonces la imgen y el recuerdo se forjaron y aqui siguen en mi cabecita.

Mi padre aprendió a cocinar por que se quedó a cargo de sus hijas durante las semanas que la oceanóloga aventurera de su esposa se hacía a altamar. Al principio compraba revistas Kena y Buenhogar para sacar una que otra recetilla que nos hubiera conquistado con su foto. A veces cocinábamos los tres juntos: Bere, Papá y yo y parecía que estuviéramos haciendo pastelitos de lodo del desmadre que se hacía en la cocina... Hubo platillos emblemáticos de su etapa de papá cocinero: las hamburguesas super bien guisadas con cebolla, ajo y perejil picado.... las pechugas con queso y serrano al vino blanco... y los camarones con ajo y perejil picado y soya, estos eran mis favoritos y recuerdo haberlos pedido para celebrar varios de mis cumpleaños.

Después del derrame cerebral de hace nueve años los recuerdos dentro de la cabeza de mi papá se reacomodaron y el mapa del camino para accesarlos es ahora obsoleto. El no recuerda jamás haberme cocinado esos ricos camarones. Ni las hamburguesas que me hacía después de mis clases de natación en verano. Sin embargo recuerdos de su infancia han aflorado a la superficie del mar de su memoria, depronto recuerda que mi abuela Teresa le hacía huevito con tortilla frita para desayunar...

Hay un recuerdo que, como aquel del enclaustramiento en la caja del globo terráqueo, no lo recuerdo por haber estado ahi, sino por escuchar la historia una y otra vez. Mi papá por un período de seis años trabajó en la ciudad de Mexicali mientras mi mámá, mi hermana y yo vivíamos en Ensenada. En verano, la temporada más desolada del clima mexicalense (alcazando hasta los 50º C) mi necedad y mis deseos de estar con él me hacían dejar atrás el calor. En carretera le pedía que me contara de cuando el era chico, y siempre me contaba la misma historia...

Mi padre creció en la ciudad de Matamoros, Tamaulipas dentro de una familia humilde de siete hermanos de los que sólo sobrevivieron dos a enfermedades y precariedades, mi tío Leonardo el más grande y Francisco mi papá, el hermano más pequeño. Mi abuela Teresa hacía la limpieza en una escuela primaria y mi abuelo Bruno trabajaba de peón para la línea de ferrocarriles que corría de Tampico a Monterrey con carga industrial. El tren paraba cerca del campo donde mi papá y sus compas jugaban beisbol a mano pelona y la chamacada desde lejos sabía distinguir por el color de las cajas del cargo si el tren traía mercancía o fruta. Si traía fruta, el juego automáticamente se suspendía y todos corría hacia el tren que iba desacelerando su paso. Los niños más grandes, fuertes y rápidos lograban subir a losvagones de carga vagón y trepaban al tope de la caja para sacar las piñas y arrojarlas al suelo de donde el resto de la palomilla las recojía, ahi se devoraban las piñas hasta escaldarse la lengua y llevaban a casa las que pudieran cargar. Ya en casa mi papá preparaba el tepache con las cáscaras y un poco de piloncillo. En tres o cuatro día podría tomarse el fermentado de piña bien helado.

No es casualidad que al momento en que el Dr. Brugada, el gastroenterólogo que le hizo la colostomía en este otoño, le retiró a mi padre la bolsa de suero pidiéndole que incrementara la ingesta de líquidos, ordenó a la enfermera una jarra de agua de fruta, y le inquirió a mi convaleciente padre:

- Señor Francisco le voy a pedir a la enfermera que le tenga siempre una jarra de agua de fruta que va a estar tomando constantemente, de que sabor la quiere?

-De piña.

martes, 25 de septiembre de 2007

Dedicated to the one i love by The mamas and the papas

California dreaming on sucha winter's (autum) day...

The Mamas and the papas musicalizan este día que es el cumpleaños de mi madre, bueno fue ayer 24 de septiembre, y desde aqui le mando un caluroso saludo a la familia Mitranni Viggiano, a Enrique, que me lo he encontrado en el Oxxo, a María y a sus hijos Daniel, Alejandro y Esther, la más hermosa bailarina que Ensenada ha visto...

Oh Monday morning could'nt garantee that monday evening you woudl still be here with me...

Si. Catarsis.
Cumpleaños de mi madre y catártico.
Este 22 de octubre cumplimos 8 ocho años de convivir con el orangután que el derrame cerebral me dejó por padre. Pero ese sigue siendo mi padre, el que me dio vida, el que cargaba el cromosoma que me hizo mujer, el que me enseñó a atarme las agujetas, el mismo que me hacía hamburguesas en verano y el que disfrutaba como yo del calor abrazador de los carreterazos a Mexicali. No buscaremos causas ni culpables de su condición de orangután, él es sólo un orangután, que si se le busca su lado amable (todos los animales lo tenemos) es un amor.

Do you wanna dance under the moonlight, squeezme all through the night, oh baby do wanna dance...

The mamas and the papas continuan amenizando el post... (esta música es el soundtrack de mi infancia totalmente ligada al olor de los hotcakes que mi mamá hacía from scratch en los fines de semana de mis años mozos y el aroma que despiden las tortillas de harina recién hechas...)

Pues si en efecto fue el cumple de la jefecita y yo, como buena cocinera le hice una cena (de pescado y marisco por supuesto) para celebrarlo, ella aportó el vino (como muchos saben, y los que no, ahora se enteran, mi madre hace vino casero) y yo la comida... los invitados de rigor: las tres mujeres de la casa vinícola Tres Mujeres: Ivette Vaillard, Laura Mac Gregor y mi madre... Además vinieron los honorables Aimé Despon y Sergio Ramos, mi padre y una servidora que fungió lo mismo de anfitriona que de asistente.

El menú:
Tapas: las sardinas al limón del post anterior... y un ceviche de atún fresco con pan de granja tostado.

La sopa: crema de almejas con camarones.
almejitas blancas en crema de jugo de cocción y papa, con camarones salteados y aceite de camarón.

El fuerte: mero al sartén con arroz de camarones y ensalada de lechugas.
mero a la sartén con ajo, ramitas de orégano fresco y vino blanco (de la jefa but of course!)

El postre: creme brulée de calabaza almizclera con un cremant burbujeante francés que Ivette trajo esta noche.

Los problemas de familia se ventilan al calor del vino. No hay nada que no pase por el filtro deshinibido que el vino plantea en esta latitud del país. Ya sean negocios, casorios, o problemas cotidianos, el vino juega un papel primordial. No sólo encorajea (encourages! chingao!) sino que florea y evanesce... cataliza... cicatriza... Mi madre ya no puede con mi padre. Quién podrá con él? No sé. Ël mismo quizá.

Mi papá. Inmerso en ese universo alterno donde las palabras que los otros hablan cobran otro (cuál!?) significado que no comprende ni busca comprender, donde tener vino en la copa y comida en el plato es lo único realmente importante... quién soy yo para reclamar responsabilidades!? No soy nadie. Fuerza para aprender de la experiencia de otros... de la mía! coño! que no pase como otro día tras otro...

La vida es un constante transcurrir de lecciones y bien nos conviene aprender más que hacer caso omiso de la lección. Trabajo y esfuerzo, no hay resto. Por que uno nunca puede darse por bien servido, por bien aprendido.
Trabajar, es lo que resta.

...and the darkest hour is just before dawn

Hace unos meses en esa hora oscura me refugiaba en el calorcito del abrazo de Rodrigo. Desde la distancia, this is dedicated to one i love by the mamas and the papas, el soundtrack de mi infancia...

While Im far away from you , my baby
I know its hard for you, my baby
Because its hard for me , my baby
And the darkest hour is just before dawn

Each night before you go to bed, my baby
Whisper a little prayer for me, my baby
And tell all the stars above:

This is dedicated to the one I love
(life can never be exactly like we want it to be)
I could be satisfied knowing you love me
(but theres one thing I want you to do especially for me)
And its something that everybody needs!


Each night before you go to bed, my baby
Whisper a little prayer for me, my baby
And tell all the stars above:
This is dedicated to the one I love
This is dedicated to the one I love
This is dedicated to the one I love
This is dedicated...

viernes, 21 de septiembre de 2007

Primer día de otoño.

Se nota en la temperatura, en la luminosidad del día e indudablemente en el landscape. Quizá me clave demasiado en el cambio de temporada (es que ya van tres post al respecto... y seguidos, oh mon dieu) pero luego aqui en este pueblo si uno no les busca ocupación los días pueden simplemente transcurrir uno tras otro without even knowing.

Primero: si, la temperatura cambió. Si algo extraño hemos detectado es que el calor cesó desde hace más de una semana, es decir, el termómetro ya permanece bajo la rayita de los 30º C (y mira que estuvo por encima de ella por más de diez grados...), pero hasta el miércoles sólo hizo fresco, y desde entonces ya hace frío de mañana y de noche.


Segundo: humidity dropped down. El viento cambió de dirección y ahora domina la dirección tierra-mar, lo cual implica que la humedad presente en el aire baja, los cielos se limpian de la brisa baja y en su azul saturadísimo se dibujan cirrus muy altos, nubes como rebaños de borreguitos que se mueven con velocidad. Lo más drástico y hermoso del lanscape es el detalle con que se muestran la Punta Banda y las dos islas de Todos Santos, frente la bahía, como ya no hay humedad entre ellas y la orilla del mar desde donde yo las veo, su fisionomía es evidente: las caras de sus cerros, los riscos y rocas que se les desmoronan en el Pacífico, la verde planicie que sostiene al faro, y el estrecho que separa a las dos islas y que desaparece a veces dando la ilusión de que las dos son una.


Tercero: la luna y su noche. Las lunas de otoño son únicas, cualquiera aficionado a su observación sabe que en otoño la luna es caprichosa. La inclinación de la tierra, la posición del planeta conrespecto al sol, el cacho de atmósfera que atraviesa transversalmente su imágen para llegar a nuestros ojos, no sé en realidad cual es la causa, pero sé que el efecto es una luna gigante, de esas a las que parece que uno puede subirse desde cerro cuando ella comienza a trepar a la bóveda de estrellas. El atarceder parecía ayer estar en llamas. Ese naranja fuego que sólo se incendia en esta temporada. Los naranjas se barren a los rosas y los morados de menor intensidad. De día la luz naranja reina también, en una suerte de iluminación technicolor que se vierte sobre los cerros y las casitas.


Hacía cinco años que no me tocaba esta aqui en un cambio de estación. Estoy maravillada como si fuera la primera vez. Me dí cuenta! puse atención! no me lo perdí! Creo que estos son los pequeños detalles que hacen que Ensenada sea worth staying in. Es como el cherry pie de Twin Peaks. De un día otro el lanscape habla, parece cantar... la luna, el mar, el cielo dicen cosas, dichoso el que las escucha y más el que las comprende.


Y ora si disculpas por no compartir imagen, pero es que no se armó captarlas con cámara... espero haberlas descrito bien.

lunes, 17 de septiembre de 2007

El clima ya cambió II

Subtle change.
El calor no ha cesado por completo en Valle de Guadalupe. El sol aun vierte despiadado sus rayos penetrantes, es el aire el que anuncia un cambio dejando que una brisa fresca se cuele entre sus dedos. Es el mar.
Es el mar que desafiando montes y cerros encuentra la manera, naturaleza de agua, de abrirse camino hasta aquí.

martes, 11 de septiembre de 2007

El clima ya cambió I

Septiembre casi ya va a la mitad... oh que inadvertido pasó el verano.

Entre las tardes lluviosas de la capital, la confusión de terminar una vida acedémica y no encontrarle sentido ni a la vida ni a la academia, entre pelos de gato y mole oaxaqueño me hice a mi pueblo, a la orilla del pacífico norte mexicano. Aca, a través del morado que dejan los taninos del vino en las comisuras de los labios, el olor a animal de los borregos que semanalmente porciono en la cocina de Laja, el picante de los berros y las arúgulas tiernas, las abejas que zumban en torno a las albahacas cuyas flores debo arrancar un día si y el otro no, y la urticaria que las hojas de las matas de calabaza y las de okra me dejan en los antebrazos, lo mismo que los pinchazos de las hormigas con las que lucho a diario por los ejotes y los pepinos, entre tanta ocupación mental han escurrido los días, las horas, minutos gone by. El verano esta por irse. El clima ya cambió. Hace calor aun, hace sol a mediodía aun. Pero el fresco del aire es cada vez más pronunciado, y al caer el sol ya es preciso abrigarse aunque sea sólo un poco, quitarse las chanclas y ponerse calcetines.

Y mi vida otra sin okras ni arúgulas ni calabazas tiernas?

Si alguien sabe de ella hágame saber, que está perdida y no la encuentro. Aqui en Ensenada la familia de mi amiga Carina, que viven cerro arriba de la casa de mis padres donde crecí y donde vivo por ahora, perdió a Luna, su perrita french puddle, el domingo pasado. El lunes Carina y Rita lo dedicaron a colocar anuncios de extravío por el centro de la ciudad y dieron con su paradero. Cómo?! Pues es que Ensenada es como un cacahuate, y su gente pone atención a las cosas que ocurren del otro lado de su ventana, por afuera de su auto... Yo no sé dónde perdí todo lo andaba cargando. A lo mejor se quedó al fondo de mi mochila.
Aja ahi debe estar. Pero y mi mochila? Dónde la dejé?