jueves, 21 de junio de 2007

Continua el drama del maíz en México

Antes que nada un saludo a Jimenita que hoy cumpleaños... enhorabuena amiguita!
FAO (Food and Agriculture Administration of the United Nations) detecta la existencia de la Seguridad Alimentaria de un grupo social cuando dentro de éste hay acceso material y económico a los alimentos suficientes, nutritivos e inocuos para satisfacer las necesidades de alimento y los patrones preferenciales del grupo humano. México, que de por si vive (sobrevive, más bien) desde un estado de inseguridad alimentaria, está a punto alcanzar un nuevo estado aun más crítico que el actual cobijando la entrada de las semillas genéticamente manipuladas al campo abierto nacional del principal producto alimenticio de la cultura mexicana, el maíz.

La planta Zea mays fue domesticada bajo un proceso largo de observación y experimentación que llevó a los antiguos pobladores de Mesoamérica a desarrollar las actividades agrícolas, período de tiempo comprendido entre los años 7000 y 5000 a. C. (ahí nomas 2000 años). Las culturas mexica y maya, así como casi todas las etnias prehispánicas establecidas en lo que ahora es nuestro país, le tuvieron y le tienen las que aun prevalecen, al maíz un especial lugar dentro de su cosmogonía, relacionado generalmente con el origen del hombre y la fertilidad. El manejo de su cultivo en nuestro terrotorio desarrolló técnicas funcionales y amables con el entorno natural, que continúan empleándose en la actualidad (como la milpa y la chinampa) para sembrar las 35 razas diferentes de maíz que pueden encontrarse en México (los granos de colores rojos, negros, morados, blancos, pintos…. formas super variadas, dientes chuecos o derechitos en la mazorca de las que Cristina Barros y Marco Buenrostro hablaban…)

Dentro de la cocina mexicana, el maíz es inspiración de innumerables preparaciones que aprovechan el fruto, las hojas, las cañas y otras fibras de la planta en sus diversos estados de crecimiento. La nixtamalización (proceso en el que la cascarilla del grano seco de maíz es liberado por la precocción con cal, y que se lleva a cabo desde hace 3000 años) es un glorioso invento que se adjudican nuestros ancestros prehispánicos, que no sólo constituye un aliciente único para preparar la masa de los ricos tamalitos, sino que enriquece con calcio cualquier preparación que se elabore con el maíz ya sea para pozole, para tortilla o para tamal.

Junto con otros elementos básicos de la cocina mexicana (rica en productos agrícolas), como los frijoles, el chile, la calabaza, el tomate y los quelites (que son también los básicos de la milpa tradicional) la tortilla balancea la dieta diaria aportando calcio y energía en forma de hidratos de carbono, así como material protéico de calidad. Y bueno, es por demás decir que en la mesa del mexicano diariamente hay productos elaborados con maíz, de menos unas tortillitas…

Antropólogos como De Garín, Vargas y Borghes llaman Alimento a aquella cosa que alimenta (ah mira…) que tiene un aporte nutrimental, emocional y que posee valores socioculturales en la sociedad que lo consume. Clasifican a los productos susceptibles de ser alimentos en cuatro grupos: los alimentos básicos, los primarios, secundarios y periféricos. Los alimentos básicos de un grupo social encierran características, según estos antropólogos de: tener un origen divino dentro de la cultura, poseen un papel ritual y se producen manifestaciones artísticas entorno a él, el grupo humano le da un uso integral a todas sus fibras, la domesticación del alimento tiene un carácter local, su consumo provee un significativo aporte energético, se encuentra diariamente en la dieta y hay un afecto social sobre él.

Es obvio que el maíz es para México un alimento básico.
Entonces, ¿cuál es la prisa por poner en riesgo nuestra inseguridad alimentaria, de por si maltrecha, permitiendo la entrada de semillas genéticamente alteradas de uno de nuestros alimentos básicos poniendo en manos ajenas y conocidas por su alevosía y abuso, el control económico de un producto fuente de energía y nutrición fisiológica y emocional, de una nación?

Estas semillas-zombi al entrar a nuestro campo abierto (dicen que ya entraron, aunque no oficialmente…) el viento va a arrancarles la información genética que cargan desperdigándola por toda nuestra tierra cultivable, llevando a la más recóndita milpa, rancho y parcela instrucciones que van a homogenizar a la rica variedad de maíces mexicanos en una sola raza-zombi dependiente de los productos que el dueño de las semillas-zombi nos va vender, fijando él su precio… y por si fuera poco entre el kit de supervivencia-zombi que nos va a dejar caer al cambio del día nos quiere convencer de que estamos llevando la tecnología al campo de una buena vez, protegiéndonos en nuestro territorio de las plagas endémicas de Alabama y Nebraska… Aquí no necesitamos protección contra eso.

Necesitamos que las técnicas ancestrales desarrolladas para nuestros productos y condiciones agrícolas se modernicen, se adapten a los tiempos, pero tomando de ellas sus aciertos y no calzando el angosto zapato del modelo gringo con patente que nos quieren vender… La milpa es un ejemplo de un policultivo de cosecha múltiple en productos y ciclos que provee de alimentos todo el año. Es una técnica que optimiza el espacio disponible, minimiza la competencia de las plantas por los nutrientes y por la luz del sol, y equilibra la presencia de nitrógeno en la tierra devolviendo el frijol lo que toma el maíz. Este modelo de cultivo es practicado a todo lo ancho y largo de nuestro país… y ahora a partir del próximo año va a competir con los maizales ultraproductivos gringos donde se reúnen los niños malviajados de la película esa que hasta los Simpson han parodiado… We’re dead, man…


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